EL AMOR ES MAGIA, PERO NO SEAS IDIOTA

No crees una prisión

Mis bros,

Hoy quiero hablarles de algo que muchos hombres han convertido en su propia condena.

El amor.

Y voy a comenzar diciéndote algo que quizás no esperabas escuchar de mí:

Enamórate, bro. Enamórate hasta los huesos.

El amor es una de las experiencias más extraordinarias que puede vivir un ser humano.

Es lo más cercano que tenemos a la magia.

O al menos así se siente.

Porque la realidad es bastante menos poética.

El enamoramiento involucra hormonas, neurotransmisores, mecanismos de recompensa y procesos evolutivos que favorecieron la formación de vínculos entre hombres y mujeres.

La naturaleza necesitaba que nos reprodujéramos.

Y encontró una manera extraordinariamente eficaz de motivarnos.

Y aquí viene lo verdaderamente interesante.

Que el amor tenga una explicación biológica no le quita lo bueno.

¿Sabes qué más depende de procesos químicos?

Tu felicidad.

Tu tristeza.

Tu ambición.

La satisfacción de alcanzar el éxito.

Toda tu experiencia humana tiene una base biológica.

¿Y acaso eso significa que nada vale la pena?

Por supuesto que no, bro.

El problema no es enamorarse.

El problema es ser tan idiota como para enamorarte de la primera que te para bola.

Enamorarte sin haber elegido.

Enamorarte para depender y no para proteger.

El amor alfa es dominante, sexual, protector, también emocional, pero lo aborda de forma diferente.

Escucha bien.

Nos han vendido durante generaciones la fantasía de que existe una mujer predestinada para cada hombre.

Tu alma gemela.

Tu media naranja.

Una criatura perfecta que el universo reservó exclusivamente para ti.

Qué bonito.

Qué romántico.

Qué conveniente para el hombre que no tiene opciones.

Porque resulta que esa supuesta alma gemela casi siempre termina siendo la primera mujer que le prestó suficiente atención.

JAJAJAJA.

No estás frente a la única mujer del mundo, bro.

Estás frente a la única mujer que tienes disponible.

Y existe una diferencia gigantesca.

Te enamoraste de la compañera de trabajo porque era la única que te hablaba.

Te enamoraste de la chica de Tinder porque fue la única que aceptó salir contigo.

Te enamoraste de una mujer completamente incompatible con tus valores porque llevabas seis meses sin recibir afecto femenino.

Y ahora quieres convencerme de que el destino los unió.

No bro.

Eso no es destino. Es simplemente escasez.

Y la escasez tiene una característica muy particular:

Convierte cualquier oportunidad en un tesoro.

Un hombre hambriento considera un banquete cualquier plato de comida.

Un hombre desesperado por afecto puede confundir la primera muestra de cariño con el amor de su vida.

Por eso siempre les insisto en algo.

PRIMERO CONSTRUYE OPCIONES. DESPUÉS ELIGE.

Imagina dos escenarios.

En el primero eres un hombre que lleva años sin conseguir una cita.

Conoces a una mujer.

Es atractiva.

Te sonríe.

Se acuesta contigo.

Pero tiene hábitos que detestas, valores incompatibles con los tuyos y una personalidad que tarde o temprano te hará miserable.

¿Qué haces?

Te enamoras.

Justificas sus comportamientos.

Ignoras las señales.

Te convences de que puedes cambiarla.

Porque, en el fondo, sabes que si la pierdes no tienes a nadie más.

Ahora imagina otro escenario.

Eres un hombre que ha trabajado en su físico, su personalidad, su carisma y su Juego.

Puedes salir con diez mujeres atractivas, adultas, interesantes y diferentes entre sí.

No necesitas prometer exclusividad a ninguna mientras estás conociéndolas.

No tienes que fingir que te gustan cosas que detestas.

No tienes que negociar tus principios para recibir un poco de sexo.

Puedes observar.

Conocer.

Comparar.

Descartar.

Y eventualmente elegir a una mujer que, además de volverte loco de deseo, realmente aporte algo a tu vida.

¿Ves la diferencia, bro?

En el primer escenario eligió tu desesperación.

En el segundo elegiste tú.

No estoy diciendo que debas convertir el amor en una hoja de Excel.

Ni que debas buscar una mujer perfecta.

No existe.

Tú tampoco eres perfecto.

Estoy diciendo que el amor debe ser una elección que puedas permitirte, no una prisión a la que entras porque no encontraste otra puerta.

Un abrazo,

IVÁN BARCA