HONOR

Sin el no vives

Mis bros,

El hombre conoce muy bien el honor.

Muchos hombres, a lo largo de la historia, han estado dispuestos incluso a morir por él.

Y es que la masculinidad está profundamente ligada al honor. Muchas de nuestras decisiones, sacrificios y acciones están gobernadas por ese sentimiento.

Tenemos honor por nuestra patria, por nuestros principios, por nuestra reputación, por nuestra palabra y por nuestro papel como jefes de familia.

El honor es ese sentimiento que nos obliga a defender aquello que consideramos sagrado, incluso cuando hacerlo tiene un precio.

Es uno de los valores más poderosos que tenemos, porque nos empuja a dar lo mejor de nosotros cuando las circunstancias exigen más de lo que creemos poder ofrecer.

Y aunque resulte polémico, siempre diré que el hombre encuentra una de sus máximas expresiones en el campo de batalla.

¿Por qué?

Porque allí convergen todos los frentes del honor.

La patria, los hermanos de armas, la valentía, el sacrificio, la reputación y la posibilidad de alcanzar la gloria.

Es un escenario donde un hombre puede demostrar de qué está hecho, donde sus convicciones dejan de ser palabras y se convierten en acciones.

Sin embargo, como ya les he dicho, no estamos en guerra, mis bros.

Y tampoco es crucial estar en una para cultivar esas virtudes.

Deportes de equipo, disciplinas de combate, competencias

y todos aquellos escenarios donde podamos poner a prueba nuestro carácter, aprender sacrificio y defender algo más grande que nosotros mismos, son también escenarios válidos.

A parte de lo competitivo también hay campos de batalla intelectuales e ideológicos.

Precisamente por eso nuestra hermandad es tan fuerte.

Porque compartimos una visión de la masculinidad que defendemos.

El honor nos impulsa, mis bros.

Ahora bien, hay una pregunta interesante:

¿Y LAS MUJERES? ¿TIENEN HONOR?

Históricamente sus expresiones no han sido las mismas que las de los hombres.

Por ejemplo, en la guerra de los 100 años entre Francia e Inglaterra.

Durante siglos, ambos se disputaron territorios.

Poblaciones cambiaron de manos constantemente.

Mientras los hombres daban sus vidas por sus banderas, las mujeres simplemente intentaba sobrevivir, adaptándose al gobernante de turno.

Eran francesas si les convenía ser francesas o inglesas si les convenía serlo.

Pero, las mujeres sí tienen honor, solo que no está ligado a los mismos elementos que los hombres.

Para ellas está ligado a cosas más cercanas.

La familia.

Los hijos.

El hogar.

Una madre puede soportar sacrificios extraordinarios para proteger a sus hijos.

Su honor de madre no le permite, simplemente renunciar.

Puede enfrentarse a peligros, privaciones y circunstancias que jamás habría imaginado tolerar por sí misma.

Allí también existe honor.

POR ESO SIEMPRE LES RECOMIENDO BUSCAR UNA NENA PRINCIPAL CON FUERTES VALORES FAMILIARES.

Ustedes quieren una de estas mujeres para criar a sus hijos, así aunque algo les pase a ustedes, sabrán que ellas se encargarán del resto.

El honor puede manifestarse de distintas maneras, según aquello que una persona considera digno de defender.

Y aquí está la lección que quiero dejarles hoy, mis bros.

No basta con decir que tienes honor.

Debes tener algo que merezca tu lealtad y demostrarla con tus acciones.

Tu palabra.

Tus principios.

Tu familia.

Tus camaradas.

Tu legado.

Porque un hombre sin nada que defender difícilmente encontrará una razón para exigirse al máximo.

El honor te da una razón para mantenerte firme cuando sería mucho más fácil arrodillarte.

Y un hombre que sabe por qué debe mantenerse firme es mucho más difícil de doblegar.

Un abrazo, mis bros.

IVÁN BARCA