CUANDO PIERDES UNA MUJER

Hay señales claras

Bro, una mujer rara vez se va el día que se va.

Se va mucho antes.

Se va cuando empieza a sentir que ya te entendió.

Cuando tus reacciones ya no la sorprenden.

Cuando tus mensajes llegan a la misma hora.

Cuando tus respuestas suenan demasiado correctas.

Cuando tu presencia deja de causar algo en ella.

Y lo peor es que tú crees que estás haciendo las cosas bien.

Crees que por fin lograste algo estable.

Que por ser más atento,

más claro,

más cariñoso,

más constante,

ella debería quererte más.

Pero bro…

el deseo no funciona así.

No sumas puntos por explicarte.

No sumas puntos por estar siempre.

De hecho,

Ahí empieza la muerte.

Porque al principio ella no sabía dónde estaba parada contigo.

No sabía si te gustaba de verdad.

No sabía cuánto de ti era real

y cuánto era una puerta cerrada.

Y esa duda la hacía volver.

Esa duda la hacía revisar el celular.

Esa duda la hacía leer dos veces tus mensajes.

Esa duda la hacía inventar teorías sobre ti mientras intentaba dormir.

Pero luego tú quisiste “asegurarla”.

Y en tu intento de no perderla,

te regalaste entero.

Le mostraste todas tus cartas.

Y ahí, bro,

empieza el problema real.

Porque cuando una mujer deja de imaginarte,

empieza a compararte.

Y siempre va a aparecer alguien más frío.

Alguien menos explicado.

Alguien menos disponible.

No porque él sea más valioso que tú.

Sino porque todavía conserva algo que tú perdiste:

Tensión.

Ese aire raro.

Esa distancia.

Esa sensación de que no todo está bajo control.

Eso es lo que engancha.

Eso es lo que inquieta.

Eso es lo que hace que una mujer piense:

“¿Qué tiene este tipo?”

Pero el buen chico no entiende eso.

El buen chico cree que el amor se gana portándose impecable.

Cree que el deseo se mantiene siendo fácil.

Cree que la ternura puede reemplazar al misterio.

Y luego se sorprende cuando ella se enfría.

Un abrazo,

Tu hermano mayor,

Iván Barca.