NO LAS SALVES

basado en una historia real

(suena una notificación de un celular)

CAPITÁN:
Verga… tengo que mandar la transferencia esa puta de mierda.

PACO (el policía):
¿Quién te manda a casarte?

CAPITÁN:
¿Qué? No estoy hablando de mi esposa, pendejo.

PACO:
¿Entonces?

CAPITÁN:
¿Nunca te lo conté?
Bueno, escucha esto…
para que no te pases de gil como yo.

Nos llamaron a las tres de la mañana, loco.
Tres de la mañana.

No había dormido nada.
Mi hijo estaba enfermo.
Y a mi mujer le dolía la cabeza…
por dos meses consecutivos.

Y no, no iba a volver al chongo.
Me lo había prometido.

La llamada despertó a mi hijo, a mi esposa…
y cuando miró por encima de mi hombro
vio las siete pestañas de porno abiertas.

Por suerte era una llamada de comisaría de emergencia,
así que pude decir que salí por voluntad propia a las tres de la mañana
y no porque mi mujer me echó de una patada.

¿El caso?

La mamá de una chica lloraba desesperada al teléfono.
Le había dicho a su hija que no se fuera a vivir con ese chico sin futuro.
Y decir “sin futuro” era poco.

Ese verga tenía tres órdenes de arresto,
pensiones alimenticias aparte.

Llegamos a los “apartamentos”, si es que se les puede llamar así.
Desde la calle se escuchaban los gritos de la pobre chica.

La dueña del lugar nos abrió la puerta de la calle,
pero la del departamento la tuvimos que romper.
No timbramos ni una vez.

Los gritos eran suficiente permiso.

La chica era un pulpito de sangre.
Ni las sirenas hicieron que ese hijo de puta se detuviera.
Siguió con la paliza hasta el segundo exacto en que abrimos la puerta,
y ahí… se hizo el loco.

La chica lloraba.

Ya lo habían arrestado antes.
El tipo empezó a caminar hacia la puerta sin que le diéramos orden.

No pude resistirme.

Le pateé las patas.
Cayó de hocico contra el suelo
e hizo un sonido de puerco
que hasta hoy se me viene a la cabeza
cada vez que como hornado.

Ya en el piso,
justo antes de poder ensañarme con ese perro como Dios manda,
apareció un cuerpo encima protegiéndolo.

¿Era su madre?
¿La Santísima Virgen?

Ni vergas.

Era la misma mujer a la que había estado golpeando
hasta casi matarla.

—¡No se lo lleven! —gritaba, destrozándome los oídos— ¡No!

Seguía gritando
mientras los arrastrábamos a los dos
escaleras abajo.

Lo soltaron tres días después,
con medidas precautelares.

Tuvimos que volver de madrugada tres veces más.

Las tres veces se hizo el loco.
Había aprendido:
le tapaba la boca
y le pegaba donde no sangra
y no deja marcas.

La última vez…
ya no lo pude soportar.

La chica me mordía las piernas
mientras arrastraba al tipo hasta el balcón.

Y sin remordimiento…
lo lancé.

La misma puta de mierda, mm, perdon quiero decir la pobre chica maltratada, me denunció

Por maltrato psicológico al que la sometí al atacar a su “pareja”

Gracias a Dios el juez me conocía.
Si no, ahora yo estaría preso.

PACO:
¿Y valió la pena todo lo que tienes que pagarle a esa perra?

El capitán no respondió enseguida.
Se quedó mirando el café, ya frío.

CAPITÁN:
Aprende algo, pendejo.

Hay gente a la que no hay que salvar.

Paco frunció el ceño.

CAPITÁN (continuando):
No porque no puedas…
sino porque no quieren ser salvadas.

Silencio.

El capitán sacó el celular, miró la notificación del banco,
y se levantó.

CAPITÁN:
Vámonos.

A las tres de la mañana siempre vuelve a sonar el teléfono.

FIN

(escrito por el hermano mayor, Iván Barca basado en una historia real)