QUITAR VALIDACIÓN

Un arte que pocos dominan

Todos regalan validación, pero el que tiene Juego quita validación

Las mujeres viven y mueren por la validación.

La validación es la moneda de cambio en el mundo de la mujer.

¿Por qué?

Porque por miles de años la mujer dependió del grupo para sobrevivir.

Es decir que, si alguien NO la valida,

no la acepta, no la aprueba,

ella lo percibe como una amenaza existencial de forma inconsciente.

El problema es el siguiente:

al hombre le han enseñado que,

para “conquistar” a una mujer, hay que REGALARLE validación:

piropos, aprobación, aplausos.

El hombre sin JUEGO no entiende que,

mientras más valida a esa mujer,

menos respetado es por ella.

Se funde entre el montón de hombres.

Ahora bien,

muchos confunden quitar validación

con INSULTAR o ATACAR,

e igualmente PIERDEN,

porque un ataque directo será percibido, ¿sabes cómo?

como MÁS VALIDACIÓN.

¿Por qué?

Porque un hombre, un ser más alto, más fornido y agresivo que la mujer,

si tiene que atacar directamente a una mujer,

es porque esa mujer le IMPORTA DEMASIADO.

Pero pocos dominan aún el arte de quitar validación sutilmente.

El otro día estaba conversando con una chica en Medellín.

Me dice que su deporte favorito ahora es el flag.

YO: ¿Flag?

ELLA: Sí, es como el fútbol americano, pero sin contacto.

YO: Ah, o sea, como el fútbol americano pero sin diversión.

ELLA: ¡No, sí es divertido!

YO: Para ti sí.

ELLA: Te voy a invitar para que veas.

YO: Paso.

¿Viste?

Otro hombre la hubiera validado:

“¡Qué interesante! ¿Y cómo se juega?”

Al quitarle validación sutilmente,

ella tiene que invitarme.

Tiene que perseguirme.

Y si una mujer tiene que PERSEGUIR TU VALIDACIÓN,

ya estás con un pie adentro de su mente, bro.

Por cierto,

ya puedes venir a vivir conmigo por un mes acá en Medellín,

donde hay demasiadas mujeres hermosas para practicar tu JUEGO.

Esta es mi mentoría más personalizada,

así que ya no tienes excusa.

Escribe la palabra MEDELLÍN a este email para más información.

Un abrazo.

Tu hermano mayor,

Iván Barca