SÉ EXTREMISTA

No es negociable

Mis bros,

Si eres suspicaz, seguramente ya te habrás dado cuenta que,

Soy un extremista.

En mis ideas.

En mis acciones.

En mis ambiciones.

Y, sobre todo, en la manera en que defiendo aquello que quiero.

No es casualidad.

Hay una razón detrás de todo esto.

Y hoy voy a explicártela.

Una de las pocas cosas que admiro profundamente de muchas mujeres es su capacidad para defender sus intereses.

Cuando quieren algo, pueden ser absolutamente implacables.

Insisten.

Presionan.

Discuten.

No retroceden.

Y muchas veces están dispuestas a llevar sus argumentos hasta el absurdo con tal de conseguir lo que desean.

Mientras tanto, tú sigues intentando ser el hombre razonable.

El hombre comprensivo.

El hombre que busca un punto medio.

El hombre que siempre está dispuesto a ceder.

¿Y sabes qué ocurre cuando una persona empieza negociando desde el extremo y la otra desde el centro?

QUE EL PUNTO MEDIO TERMINA FAVORECIENDO A QUIEN MÁS EXIGIÓ.

Escucha bien, bro.

Esto no es exclusivo de las relaciones.

Sucede en la política.

En los negocios.

En las negociaciones.

Y, por supuesto, entre hombres y mujeres.

Uno de los grandes errores del hombre moderno es creer que basta con tener razón para conseguir lo que merece.

NO BASTA CON TENER RAZÓN.

También tienes que estar dispuesto a defenderla.

Mira, por ejemplo, el debate sobre el aborto.

Una mujer puede defender su autonomía con una frase contundente:

«Mi cuerpo, mi decisión».

Y tú puedes responder:

«Ambos somos responsables de la vida que hemos creado».

O más extremo:

«El esperma es mío tu solo eres el recipiente»

¿Cuál de las dos posiciones crees que tiene más opciones de ganar?

Pasemos a otra pregunta.

¿Qué ocurre cuando ella quiere tener un hijo y tú no?

¿Hasta dónde llega tu capacidad de decidir?

¿Y dónde comienzan tus obligaciones?

Dependiendo de la legislación, puedes terminar teniendo responsabilidades económicas incluso cuando no deseabas convertirte en padre.

Sin embargo, muchos hombres ni siquiera se atreven a plantear estas preguntas.

Tienen tanto miedo de parecer egoístas que terminan renunciando a defender su propia posición.

Y ESE ES EL VERDADERO PROBLEMA.

Te han convencido de que defender tus intereses es una forma de egoísmo.

Que poner límites es ser inseguro.

Que exigir reciprocidad es ser controlador.

Que priorizarte es ser narcisista.

¡QUÉ CONVENIENTE!

Porque mientras tú intentas demostrar lo bueno, comprensivo y razonable que eres...

Las mujeres consiguen exactamente lo que quieren.

Y aquí viene mi enseñanza.

NO EMPIECES UNA NEGOCIACIÓN RENUNCIANDO A LA MITAD DE LO QUE QUIERES.

Si tienes una posición, defiéndela.

Si tienes un límite, hazlo respetar.

Si una mujer se cree una reina...

¡TÚ NO TIENES POR QUÉ COMPORTARTE COMO SU SÚBDITO!

Si exige exclusividad, exige reciprocidad.

Si pretende controlar tu vida, recuerda que tú también tienes derecho a decidir sobre la tuya.

Si utiliza los celos para manipularte, no entres en su pequeño circo.

Ten la suficiente autoestima para levantarte y marcharte.

Porque un hombre verdaderamente poderoso no necesita vengarse.

NECESITA SABER QUE PUEDE VIVIR PERFECTAMENTE SIN ELLA.

Iván Barca